Sola me acuesto

Miró al cielo. Había grupos de estrellas chapoteando en los charcos dejados por unas nubes espesas que perdían consistencia al cabalgar hacia metas invisibles. Dos de ellas unidas por el vientre y rematadas por flecos, se descorrieron a modo de telón de teatro y apareció la luna en lo alto de una escalera como una vieja vedette empolvada. ¿Hasta cuándo vas a seguir ahí, diosa de pacotilla, celestina embaucadora?, la increpó Olimpia. Y pensó en los enamorados que pudieran estarla invocando, en las lágrimas de nácar de los insomnes, en el cabrilleo de su luz sobre el mar egeo, la misma luna que contempló Safo. Y recitó entre dientes, mirándola:

al mar bajó la silenciosa luna,
altas van las cabrillas por el cielo,
pasó la medianoche,
y, sin embargo, sola me acuesto.

Carmen Martín Gaite

Irse de casa

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Publicado por Sexta Fórmula

Administración - Redacción

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